La Ciudad Sagrada de Cholula: el Lugar de los que Huyeron

Imaginemos el paisaje de México hace seiscientos años, un poco antes de la llegada de los españoles: veríamos, a nuestro alrededor, enormes extensiones de campo cultivado sin animales de tiro (como bueyes, toros y caballos), arroyos cristalinos provenientes de las montañas y volcanes que rodean el valle, bosques, y un horizonte interrumpido por altísimas pirámides pintadas de rojo, azul, blanco y amarillo, y con humeantes braseros levantando nubes de incienso hacia el cielo.

A veces, lo más difícil es imaginar que esas ruinas de templos prehispánicos que hoy vemos grises como la piedra, o cubiertas de hierba, tierra y escombros, estuvieron algún día completamente pintadas, con sus superficies lisas y brillantes, adornadas con dioses de barro también pintados, o hechos en materiales preciosos como la turquesa y el jade.

Sin embargo, usar la imaginación para reconstruir este pasado, aunque podría parecer tramposo, es la forma más adecuada de leer el paisaje y de acercarnos a su esencia primera. Cuando los conquistadores llegaron al Valle de Puebla, después de un largo viaje que atravesó la Sierra Norte de nuestro estado, exuberante y húmeda de niebla, y el paisaje agreste y el guerrero de Tlaxcala, se encontraron con Cholula, una de las ciudades más importantes del país. Cortés no podía creer lo que veía y otros conquistadores, que habían luchado en los poderosos ejércitos de Europa en ciudades tan ilustres como Constantinopla, Roma y Jerusalén, se sintieron profundamente admirados por la belleza y el poderío de la ciudad. Su admiración fue tan grande que, pronto, se convirtió en miedo, y fue en Cholula precisamente donde sucedió el primer episodio de violencia masiva entre el ejército español y la población civil. Pero antes de continuar, volvamos un poco más hacia atrás.

Desde muchos siglos antes de aquel fatídico 1519, Cholula era considerada ya una ciudad sagrada. En primer lugar porque, en su corazón, se levantaba el monumento religioso más grande de América: una pirámide (que resultó más bien de una serie de basamentos adosados a lo largo de los siglos) que había sido comenzada desde el segundo milenio antes de Nuestra Era, y que, de manera ininterrumpida fue ampliada con nuevos edificios y niveles, hasta convertirse en una especie de cerro artificial que destacaba en medio del valle.

 

La verdad es que la historia de México es tan antigua que, muchas veces, no sabemos con exactitud qué hechos ocurrieron hace miles de años, y solo podemos reconstruirlos con suposiciones fundamentadas en la arqueología o en documentos de la colonia. Ahondaremos en las razones por las cuales el conocimiento del México Antiguo ha resultado más difícil a lo largo de la historia, en comparación con otras grandes civilizaciones como la egipcia o la china, en el apartado dedicado al impacto de la Conquista en la región Puebla-Tlaxcala.

En el caso de Cholula, es difícil saber a qué dioses primigenios les fue dedicada la enorme pirámide, ni quiénes fueron exactamente los que la fundaron. En esto, Cholula se parece a Teotihuacán, sobre la cual, aunque hoy en día sus pirámides tienen nombres rimbombantes y convincentes como “pirámide de la Luna” y “pirámide del Sol”, realmente no tenemos evidencia alguna de que los dioses adorados en ellas fuesen la Luna y el Sol, pues los nombres de estos edificios fueron asignados mucho más tarde por los aztecas,  ni sabemos quiénes y cómo gobernaban la ciudad y por qué razones acumularon tanto poder. Aunque, por las estatuas y monolitos rescatados en la ciudad, podemos determinar que el panteón de sus dioses fue similar al de sus herederos tardíos, los aztecas, con especial importancia para el dios de la lluvia. Al respecto, más que una decepción, el hecho de que muchas cosas del México Antiguo sean todavía un enigma convierte nuestra historia en una fuente inagotable de preguntas interesantes y ejercicios de la imaginación.

Lo que sí sabemos de Cholula se refiere a épocas más recientes. La primera clave del misterio está en su nombre: los indígenas la llamaban “Tollan Cholollan”, un título que abarca dos términos fundamentales. “Tollan” el primero, era un título de honor que los antiguos mexicanos reservaban para las ciudades más importantes de su mundo, partiendo de un mito fundacional (así, Cholula compartía el título con otras dos: Teotihuacán y Xicocotitlán, hoy Tula, en el estado de Hidalgo). El segundo significa en lengua náhuatl “Lugar de los que Huyeron”. Surgen entonces dos preguntas, ¿quiénes y por qué huyeron?

La respuesta más segura nos dice que, hace mil doscientos años, Teotihuacán, la ciudad más poderosa y respetada de México, colapsó ruidosamente por una serie de factores que van desde los desastres naturales y la escasez de alimentos hasta las rebeliones civiles. Podemos imaginar, por los monumentos y el diseño de la antigua metrópoli, que sus habitantes más distinguidos eran sacerdotes y aristócratas quienes, al enfrentarse con el desastre de la ciudad, huyeron a un nuevo sitio para vivir. Y el lugar elegido fue Cholula, por su cercanía con la antigua ciudad, y porque ya entonces el sitio tenía cierta importancia religiosa. Quizá también, por una antigua alianza que Cholula tenía con Teotihuacán.

A partir de entonces, la importancia de Cholula creció en todo el mundo conocido por los antiguos mexicanos, hasta convertirse en una especie de Santa Sede donde los sacerdotes tenían la facultad de coronar a los reyes o de reivindicarlos en su papel, desde ciudades tan cercanas como Cacaxtla, hasta reinos remotos en Guatemala y Nicaragua. En esta época de esplendor Cholula se convirtió en la ciudad sagrada del dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, dios de la civilización y la cultura, pero también había en ella santuarios y templos para otros dioses menores, la mayoría ligados a la agricultura.

Se dice que, cuando Cortés entró en la ciudad, contó en ella más de trescientos sesenta y cinco templos. Seguramente es una cifra exagerada, pero nos ayuda a conocer la importancia de la religión en esta zona ya desde entonces. Al encontrarse en medio de tantas ceremonias y templos para dioses desconocidos, que los españoles consideraban demonios, los conquistadores comenzaron a sentirse temerosos, y entonces la traductora indígena de Cortés, Malintzin, que sentía un gran resentimiento hacia los aztecas y sus aliados, dijo a los conquistadores que los cholultecas preparaban una conspiración para asesinar a todos los españoles. Tal sospecha fue suficiente para que, encerrados en la plaza ceremonial de la Gran Pirámide, buena parte de los pobladores de Cholula fueran masacrados.

Se dice que, en un último momento de desesperación, los sacerdotes abrieron las compuertas secretas del templo, de donde esperaban que saliera el Dios Quetzalcóatl para defender a sus devotos hijos. Pero, como prueba la iglesia de la Virgen de los Remedios que ahora se levanta en la cima de la Pirámide, Quetzalcóatl decidió no salir en auxilio de los cholultecas.

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